
El comentario del visitante me asedió durante todo el día siguiente. Por esas cosas del destino, al carecer ocasionalmente de movilidad se me hacía imposible ir hasta la feria, a sabiendas que los mantecosos puerquitos muertos costarán más los próximos días por obra y gracia del calendario y de la inflación: las fucking fiestas disparan los precios.
De repente, mi celular empezó a vibrar y a titilar. “Nº Privado”, rezaba la pantalla. Maldije porque intuía que se trataba alguien del laburo que me molestaba en mi día de franco. “Hola, ¿Diego? Habla Ángel de San Javier. ¿Te acordás de mí?”. Tardé un par de segundos en reaccionar y caí. Le pregunté cómo andaba.
“Muy bien por suerte. Mirá, mañana tipo diez voy a andar por Posadas y me quería juntar con vos, viste. Te quería dar un regalo por la mano que me diste. Tengo un lechoncito orgánico, chiquito, casi sin grasa para llevarte”. Se me iluminó el pecho.
"Bueno, te espero. Un abrazo”, fue la escueta respuesta que me salió de la boca.
Corté el teléfono y empecé a bailar como un idiota. Mi mujer reía y mi hijo ni se enteraba de lo que sucedía. Un tipo que había visto una vez en mi vida, porque salió en le diario, me retribuyó con un lechón de granja. Se llama Ramón Ángel Tymcziszyn, tiene 37 años, es productor yerbatero de San Javier, un pueblo fronterizo con el Brasil. En diciembre lo quisieron apuñalar y lo corrieron más de 200 metros a balazo limpio. Hace una semana le prendieron fuego la camioneta.
Ángel visitaba asiduamente el supermercado y entabló lazos muy cordiales con madre e hija. El sobrino de Nico, Jorgito, percibió que ambas mujeres le prestaban demasiada atención al polaco y se congraciaban con él en cuanto podían, y eso lo ponía violeta de rabia; no pasó mucho tiempo para que Jorgito, un huevón de 30 pirulos, vaya a las corridas a llevarle el chisme al poderoso tío.
“No fuimos más que amigos. Lo que pasa es que Nico no les daba bola y yo me ponía a charlar cada vez que iba al supermercado. Incluso, yo como favor les cambiaba los cheques por efectivo porque como vendo yerba me la pagan en efectivo”, confesó Tymcziszyn. Cuando se lo interrogó más finamente sobre su relación con las dos mujeres, el yerbatero se limitó a contestar con una muy pícara sonrisa.
Corría diciembre de 2006 y el calor de la frontera espantaba hasta las yararás. Ángel visitó a las dos amigas y estacionó el auto a una cuadra del supermercado porque sabía que Nico estaba “puto de malo”. Dejó las dos puertas abiertas y se puso a charlar con Carlitos Olivera, un inspector de tránsito compinche. De golpe, Nico Natividade con la cara desfigurada por el odio, arremetió blandiendo por el aire un cuchillo Martinazzo mientras esputaba todo tipo de improperios. “Te voy a matar, polaco de mierda”, fue la frase que dio el puntapié inicial para que Nico comience a lanzar puntazos a granel. Ángel, con destreza gaucha, esquivó una estocada tras otra. Carlitos, el inspector, interpuso su humanidad para que el agresor desconecte su impulso asesino y no resultó lesionado de puro milagro. Descontrolado y enceguecido, el candidato-cuchillero ingresó al auto de la víctima y le arrojó una puñalada directamente al pecho, pero Ángel se salvó, descendió del auto y le pateó el rostro al violento candidato que se desmayó por el impacto.
Dentro de la nómina de testigos, Liliana Tachile, según versiones provenientes de San Javier, habría sido tentada con 10 mil pesos para que cambiara el testimonio, ya que fue una de las citadas por la Justicia. Silvana Selmi, otra de las testigos, estuvo a punto de ser impactada por un proyectil y denunció al pistolero. “Hasta el día de hoy me amenazan vía telefónica de que me van a matar, le gritan desde un auto cosas agresivas a la noche a mi madre, esto es tremendo. No sé cómo este hombre tiene la cara para presentarse como candidato”, confesó Ángel.
Pero su derrotero no sería definitivo. Hace una semana, se levantó a las cinco de la mañana como todos los días para irse a trabajar a la chacra. Cuando salió a la vereda, la camioneta Peugeot de su propiedad estaba envuelta en llamas. En pocos minutos, sin embargo, pudo sofocar el fuego. “Rompieron la ventana del lado del acompañante con una piedra, que estaba al costado de la rueda, y tiraron un envase de plástico de medio litro más o menos con nafta. Las butacas, los visores, el tapizado, la palanca de cambios y el estéreo resultaron muy dañados". Las pericias de Criminalística hallaron fósforos en el interior de la camioneta y en la vereda, a los pocos metros. Tymcziszyn se presentó en la delegación policial y acusó a Rubén “Tío Nico” Natividade y a su sobrino Jorge de haber perpetrado el atentado.
La publicación de su caso lo protegió, en parte, de nuevos atentados. Nico le envió emisarios que le confesaron que no tuvo nada que ver. Un playero de una estación de servicio que tiene cámaras de seguridad le contó que un par de pibes en moto compraron una botellita de coca de nafta súper y le advirtieron que no diga palabra porque la iba a pasar mal. Jorgito habría pagado 500 pesos a cada motoquero para que incendien el coche de Ángel. Hasta ahora, todo quedó en la nada.
Rubén “Tío Nico” Natividade, en tanto, ganó por afano las elecciones y desde el 10 de diciembre será el nuevo intendente de San Javier.