martes, enero 30, 2007

VIVO EN EL PARAÍSO, SI ES QUE EXISTE



Hoy salimos cerca de las siete de la matina para Campo Viera a cubrir una movida medianamente grossa, de esas que si no te garantizan tapa, pegan en el palo y salen al ras pidiendo permiso.

Yo me había acostado medio tarde, y debo reconocer que amanecer a la six o´clock me resultó algo complicado, más si se tiene en cuenta que llego tipo once, once y pico todos los días.

La cosa que cargué el termo para cebarle unos espumosos amargos -único mate aceptado en la tierra del mate- en las casi dos horas de compañía del conductor, el fotógrafo eterno Sixto Fariña. Pero, cerca de planta, más precisamente en la Terminal, los choferes de Crucero armaban un piquete porque a uno de ellos le saltó la ficha mal con la alcoholemia. Para qué. Al ver gomas quemadas, le avisé al perro de presa Fariña. Se levantó de la silla de un salto, eléctrico, y me dijo, seco -como siempre-: "Ahora vuelvo Dieguito, y salimos".

No tardó mucho. Quince minutos, más o menos. Llegó, y casi andando, me subí al Polo verde repleto de calcos del diario. El tipo, como de costumbre, habló más bien poco, pero siempre con las palabras justas. Nada de derrochar saliva, no señor. Igual, mucho para hablar no daba, si tenemos en cuenta lo maravilloso del paisaje. Oberá, la ciudad mágica, con las mujeres más bellas que dios haya decidido -si es que existe- anclar en este puto planeta, con esos eternos vaivenes, hospitalidad como en ningún lado, los miles de verdes, la calor.

Y seguimos en la ruta. Casi dos horas de viaje por lenguas de asfalto entre tanto monte, tanta cuerva que te da la impresión de que te estrolarás de inmediato con la eterna cantidad de camiones que transitan el corazón del Mercosur. Las chacras, los chanchos, las gallinas, las plantaciones de té y yerba mate -nunca sé cuál es cuál-, las araucarias, el cosquilleo en la panza de las subidas y bajadas, las gotas de agua que se piantan al matear y te queman hasta el hueso de la mano, el cegador sol de frente, los brillos molticromáticos, el canto de las aves, las mariposas de National Geographic que se estampan en el parabrizas, las escuelas rurales a la veda de la ruta, los municipios risueños que no suman más de cuatro casas, los nenes jugando descalzos en el barro color sangre, los rasgos guaraníticos acompañados de piel de barro, las melenas casi albinas con las pieles rosadas, el aire acondicionado al repalazo.

Terminamos. Volvemos. "¿Querés volver por Oberá o hacemos la otra ruta?", preguntó el conductor. Le dije que me daba lo mismo. "Si no conocés Misiones del todo, volvemos por la otra". Sonrió, cándidamente. Casi no entablamos diálogo en los ciento y monedas de kilómetros que nos separaban de casa. Llegamos. Me miró y sin atenuantes, me dijo: "¿Viste? Simplemente es lo más parecido al paraíso". Yo sabía que él, Sixto Fariña, era hombre de pocas pero de justísimas palabras. No se había equivocado en nada. De pedo que no nos topamos ni con Adán ni con Eva.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

OIGA VIEJO:
ESTO ES EXCELENTE.
MUCHAS GRACIAS.
EL COLECCIONISTA

sasha dijo...

este tal Sixto Fariña me hizo acordar a un personaje de Velmiro Ayala Gauna (escritor correntino de historias crudas y viscerales de esos paraísos)

aca hay uno muy bueno:

http://ar.geocities.com/jucazam/libros/gauna/pollito.html

Federico de la Puente dijo...

Genial Como siempre!

Saludos Camarada blogger!

F.

Federico de la Puente dijo...

Genial Como siempre!

Saludos, Camarada blogger!

F.

Federico de la Puente dijo...

Genial Como siempre!

Saludos, Camarada blogger!

F.

djentrance dijo...

cHEE JACKK... CREO QUE VOS Y YO CONOCEMOS LA EXCEPCIÓN A LA REGLA: NO TOOOODAS LAS DE OBERÁ SON HERMOSAS... AL MENOS DOS NO LO ERÁN... POR SUERTE TUVIERON QUE HUIR DE ALLI, PERO LAS SUFRIMOS POR ACA... JAJAJA

Lupa dijo...

Gran relato de una sinhistoria...no sé si me entiende. Brillo de la piedra...lindo.