sábado, abril 09, 2011

Es otra cosa


-Ah, bueh. Apareció el tipo... ¿Quince días ya pasaron? Disparó desde atrás de la registradora el hijo del dueño de la carnicería, un gordo extra large al cuadrado, rosado como un cerdo, rubión, íntegramente vestido de blanco. El destinatario de la frase era un muchachote alto, musculoso, ultra bronceado. Llevaba puestas unas Nike para astronautas con zoquetes inmaculados que apenas le acariciaban los tobillos, una bermuda de jean hasta las rodillas, remera azul bien ajustada y unos anteojos de sol que parecían antiparras. Acababa de entrar al local.

-Dieciocho días, no quince.
-A la miércoles. ¿Y? ¿Qué tal estuvo?
-Naa, na sabés. Una cosa de locos. De-lo-cos. Es otra cosa, otra cosa.
-Ja, me imagino. Che, ¿no te lo cruzaste a Fort?
-Callate, que la mogólica de Claudia se quiso sacar una foto con el celular. Pará la moto, le dije. Con ese puto ni en pedo.
-¿Y qué tiene que ver que sea puto? Si quiere…
-Ni a palos, tomatela. Lo que sí, no sabés lo que es el chabón. Es petizo, pero es el doble mío de lo ancho. Una mole…Ah, y no sabés en qué nave andaba.
-¿En el Rolls Royce?
-No, no. Era un Lamborghini, creo. Ojo, igual, está lleno de esos coches. Por todos lados hay. Lamborga, Alfa, Camaro. Vi como 10 Ferrari. Es todo como una película.

El gordo escuchaba sosteniendo una risa babeante y cobrándole a los demás clientes de manera automática sin prestarles mayor atención. Sus ojos azules estaban extasiados, fuera de órbita.
Se abrió la puerta de vidrio del local al compás de una melodía insoportable provocada por una campana que avisa el ingreso de alguien al lugar. El carnicero cajero parecía volver a la Tierra por un segundo. La ve. Es una flaca de considerable altura también bronceada hasta el hígado que calza muy bien un mini short de lycra negro y una remera deportiva con ciertas transparencias producto del sudor. Abraza al muchacho de look veraniego. Lo besa. Ambos le muestran a su interlocutor los anillos de casado. Ella, en la mano izquierda, sostiene un Gatorade del color de la nafta súper.
Del otro lado del mostrador, el rubio le pregunta, otra vez retomando la expresión alucinada que sostuvo durante la conversa con el musculoso, qué tal las cosas en el viaje. Ella infló el pecho y con un elevado tono grave de vos y cierta solemnidad atinó a decir lo mismo que su compañero: Es otra cosa.
-Hay otro respeto, otra forma de vivir –continuó enfática-. El tránsito, la limpieza, las playas. ¡Los precios! Todo más barato que acá. Todo, eh. Comíamos por 20 dólares en cada lugar, que ni te cuento…

Detrás de una Olivetti que parecía soviética, mientras repartía el vuelto a cada uno de las personas que dejaba el local, el carniza seguía mirando esa nada boba sin soltar palabra. Sólo escuchando y tal vez imaginando ese paraíso terrenal descrito por el novel matrimonio.

-Decí que uno tiene todo acá, porque sino…Igual, la re pensamos…
-Totalmente. Yo a él se lo dije un montón de veces…
-Lo que pasa es que no estás en Villa Elisa…
-Y la familia, los amigos…Yo tengo un grupo de amigas de la época del secundario, no es fácil.
-Te juro que un par de veces la vacilé. Chau, vendo todo allá y nos caemos. Estuvimos con un par de argentinos que la recontra hicieron.
-Es otra cosa de verdad. No es esto… -dijo la mina mientras señalaba con desdén la pantalla de Crónica que reflejaba un intento de a un posible violador, en algún recoveco del segundo cordón del Conurbano.
-Bueno, Juanca, ¿qué te debo?
-158 pesos, chicos.
-Servite. Le pagó con dos billetes de 100. El gordo le dio el vuelto. El grandote agarró la bolsa con carne con la mano izquierda mientras que con el otro brazo envolvía a su mujer.
-Chau, gente, que la pasen lindo.
-Chau, chicos. Después pásenme algunas fotos, che.
-Si, en la semana paso. Buenos días. El grueso de los clientes devolvió el saludo casi como un murmullo colectivo. El carnicero cajero borró de un plumazo la expresión que mantenía ante el relato de la pareja de tostados. Con una cara de culo monumental, resopló como un toro y se acomodó detrás de la caja.
-¿Quién sigue?


jueves, abril 07, 2011

"El incendio y las vísperas" de Beatriz Guido y el odio gorila



Así como la gente que sabe dice que las novelas melodramáticas decimonónicas de Latinoamérica son fundacionales en tanto textos que desde una historia de amor puntual entretejen toda una alegoría del destino nacional. Así lo fue Amalia de Mármol sobre el rosismo, o María de Isaacs acerca de la relación entre un terrateniente y una joven inmigrante de origen judío, de acuerdo al autor.

Durante el peronismo, claro, Juan Domingo y María Eva enaltecieron su matrimonio, encarnando así el destino nacional. Pero, después del ’55, esos postulados fueron invertidos, destrozados, rearmados. Ahí aparece El incendio y las vísperas (1965) de Beatriz Guido, "donde la utopía se halla en la unión de la oligarquía cosmopolita y europeizada con la clase media baja urbana con filiaciones anarquistas.

El affaire  amoroso central ocurre entre Inés Pradere, heredera de una familia aristocrática en desgracia durante el peronismo, y Pablo Alcobendas, estudiante ateo, descendiente del militante ácrata Severino Di Giovanni y admirador de José Ingenieros, que se hace amigo del hermano de Inés antes de conocerla. La sola mención del nombre Pradera “le producía (a Pablo) la sensación de que estaba trabajando para los dueños del país, los dueños de la tierra”.

La clase baja se corporiza en la insolente criada Anatola Báez, que “revive segura de su poder, sedienta por humillarlos, imponente en su fealdad, sin edad, sin formas”; “sabedora de todos los secretos”  de la estirpe, se alimenta de “rencores y de sombras”.Es una figura temida que produce la inversión de los roles sociales: es ella la que manda ahora, no Alejandro Pradere, el patriarca (…) quien debe rebajarse a rogarle que le sirva y Anatola advierte a “los demás que se vayan preparando”. En cierto sentido, Anatola encabeza la rebelión de los sirvientes. Su insolencia es el índice de la revulsión social.

El funcionamiento de la cadena sinecdóquica familia-clase-nación es alterado por la irrupción del peronismo (…) Descendientes de los triunfadores de Caseros, los Pradera son la familia oligárquica por excelencia, emblema del avatar liberal del país, que ha dejado (o ha sido obligada a dejar) su antiguo rol fundacional; otra clase la ha reemplazado, y el responsable de su promoción es el peronismo.

El odio al “tirano” es el aspecto ideológico en el que el anarquismo y la izquierda parecen coincidir con la oligarquía conservadora vacuna. Gracias a esta posibilidad de conciliación nacional, un anarquista y un “niño bien” de Barrio Norte aúnan fines y objetivos para “destruir un régimen, deponer un gobierno”. Además de ser el factor emulsionante del acuerdo entre la izquierda y la derecha, el peronismo cumple la función de catalizar el lazo fundacional entre la clase alta con la clase media baja (…) Inés y el estudiante se conocen cuando éste es conducido a la residencia de los Pradera para recuperarse de una herida sufrida durante el rescate de dos compañeros presos. El origen del idilio radica, entonces, en al resistencia clandestina en contra de Perón.

(…) Al final, la policía atrapa a Pablo Alcobendas y lo somete a torturas por sus actividades subversivas. Es violado por un sujeto apodado “Banano”; aislado de su celda, siente que “era Perón quien entraba en ese cuarto”. Luego, se “ensañan con su sexo” y terminan castrándolo en un momento que (…) remite a El Matadero de Echeverría y a la Fiesta del Monstruo de Borges y Bioy. Los malos son quienes impiden la armonía de los amantes.

La condena ética y política del movimiento peronista pasa entonces por la estética; el peronismo es la antiestética, el mal gusto y encarna todo aquello que está en contra de los valores clásicos de la belleza y cultura occidental (…)  Por eso, la casa de verano es expropiada, la estatua es destruida y el edificio del Jockey sucumbe a las llamas.


*Texto extraído, recortado, seleccionado y manipulado impunemente por este servidor. Pertenece a Luís Alfredo Intersimone, en "Políticas del sentimiento. El peronismo y la construcción de la Argentina moderna". Prometeo, Buenos Aires, 2010.

viernes, abril 01, 2011

Los senderos de Walsh





Releyendo tras varios años “Operación Masacre” en su edición que creo es la más nueva, la trigésima tercera de 2007 de De la Flor, me topé con material que no recuerdo haber estudiado antes. Y bueno, viejo, realicé muchos méritos para tal genocidio neuronal. Vuelvo. En este librito que adquirí hace días nomás descubrí en la sección “Apéndices” que figura al final de la investigación, las diferentes introducciones y epílogos de distintas ediciones.
Lo jugoso del asunto radica en las propias palabras de Walsh sobre su cosmovisión en los diferentes tramos de la historia que va de la caída de Perón hasta Lanusse, que incluye el periodismo, la política en general, el peronismo, los golpes de Estado, las tropelías institucionales tan usuales en esos años. Allí, uno puede percibir a un autor que con enorme honestidad intelectual y valentía no tiene prurito alguno para confesar su odio al justicialismo, su adscripción a la llamada Libertadora y cómo interpretaba el trabajo periodístico (“oficio”). Luego, como deshojando una margarita, van apareciendo nuevos elementos, nuevos giros que complejizan todo un periodo de la historia signado por la sangre, la prohibición y el odio de clase, hasta finalmente llegar al Walsh de los años últimos, abiertamente peronista y militante.
Un aspecto que me parece sobresaliente: Walsh interpretó, como tantos otros, que el peronismo-antiperonismo representa como nada la lucha de clases en la Argentina.
No sigo más, léanlo a él que escribe un poquito mejor que yo (?). A propósito: seleccioné los fragmentos -textuales- que considero más ricos para este fin.


INTRODUCCIÓN A LA 1ERA EDICIÓN DE 1957


Como periodista, no me interesa demasiado la política. Para mí fue una elección forzosa., aunque no me arrepiento de ella”

Suspicacias que preveo me obligan a declarar que no soy peronista, no lo he sido ni tengo la intención de hacerlo. Si lo fuese, lo diría.  (…) Tampoco soy ya un partidario de la revolución que –como tantos- creí libertadora.

Sé perfectamente, sin embargo, que bajo el peronismo no habría podido publicar un libro como éste (…) La mayoría de los periodistas y escritores argentinos llegamos (...) a considerar al peronismo como un enemigo personal. Y con sobrada razón. Pero algo tendríamos que haber advertido: no se puede vencer a un enemigo sin antes comprenderlo.

En los últimos meses he debido ponerme por primera vez en contacto con esos temibles seres –los peronistas- que inquietan los titulares de los diarios. Y he llegado a la conclusión (…) de que, por muy equivocados que estén, son seres humanos y debe tratárselos como tales. Sobre todo no debe dárseles motivos para que persistan en el error. (…) Más que nada temo el momento en que humillados y ofendidos empiecen a tener razón (…) Y ese momento está próximo y llegará fatalmente, si se insiste en la desatinada política de revancha que se ha dirigido sobre todo contra los sectores obreros. La represión del peronismo, tal como ha sido encarada, no hace más que justificarlo a posteriori. Y esto no sólo es lamentable: es idiota.

Reitero que esta obra no persigue un objetivo político ni mucho menos pretende avivar odios completamente estériles.

(…) Si se me pregunta por qué hablo ahora, habiendo callado como periodista cuando otros no lo hicieron (…), diré con toda honradez: he aprendido la lección. Pero ahora son mis maestros los que callan. Durante varios meses he presenciado el silencio voluntario de toda la “prensa seria” en torno a esta execrable matanza, y he sentido vergüenza.

PROVISORIO EPÍLOGO DE 1957

(...) Puedo decir, sin remordimiento, repetir que he sido partidario del estallido de setiembre de 1955. No sólo por apremiantes motivos de afecto familiar –que los había-, sino porque abrigué la certeza de que acababa de derrocarse un sistema que burlaba las libertades civiles, que negaba el derecho de expresión, que fomentaba la obsecuencia por un lado y el desborde por el otro. Y no tengo corta memoria: lo que entonces pensé, equivocado o no, sigo pensándolo.

(…) Si hay algo justamente que procurado suscitar en estas páginas es el horror a las revoluciones, cuyas primeras víctimas son siempre personas inocentes, como los fusilados de José León Suárez o como aquel conscripto caído a pocos metros de donde yo estaba. La pobre gente no muere gritando “Viva la patria”, como en las novelas. Muere vomitando de miedo (...) o maldiciendo su abandono (…) Sólo un débil mental puede no desear la paz.


EPÍLOGO 2DA EDICIÓN, 1964

Tras enumerar lo que consideró fracasos y logros del libro

(…) Hay otro fracaso todavía. Cuando escribí esta historia, yo tenía treinta años. Hacía diez que estaba en el periodismo. De golpe me pareció comprender que todo lo que había hecho antes no tenía nada que ver con una cierta idea del periodismo que me había ido forjando en todo ese tiempo, y que esto sí –esa búsqueda a todo riesgo, ese testimonio de lo más escondido y doloroso-, tenía que ver, encajaba en esa idea. Amparado en semejante ocurrencia, investigué y escribí enseguida otra historia (…), el caso Satanowsky. Fue más ruidosa, pero el resultado fue el mismo: los muertos, bien muertos; y los asesinos, probados, pero sueltos.

Entonces me pregunté si valía la pena, si lo que yo perseguía no era una quimera (…) Aún no tengo una respuesta. Se comprenderá, de todas maneras, que haya perdido algunas ilusiones, la ilusión en la justicia, en la reparación, en la democracia, en todas esas palabras, y finalmente en lo que alguna vez fue mi oficio, y ya no lo es.

Releo la historia que ustedes han leído. Hay frases enteras que me molestan, pienso con fastidio que ahora la escribiría mejor. ¿La escribiría?


RETRATO DE LA OLIGARQUÍA DOMINANTE (fin epílogo de la tercera edición, 1969)

(…) Hoy se puede ir ordenadamente de menor a mayor y perfeccionar, a la luz del asesinato, el retrato de la oligarquía dominante. Los militares de junio de 1956, a diferencia de otros que se sublevaron antes y después, fueron fusilador porque pretendieron hablar en nombre del pueblo: más específicamente, del peronismo y la clase trabajadora. Las torturas y los asesinatos que precedieron y sucedieron a la masacre de 1956 son episodios característicos, inevitables y no anecdóticos de la lucha de clases en la Argentina. El caso Manchego, el caso Vallese, el asesinato de Méndez, Mussi y Retamar, la muerte de Pampillón, el asesinato de Hilda Guerrero, las diarias sesiones de picana en comisarías de todo el país, la represión brutal de manifestaciones obreras y estudiantiles, las inicuas razzias en villas miseria, son eslabones de una misma cadena.
(…) Otros autores vienen trazando una imagen cada vez más afinada de esa oligarquía, dominante frente a los argentinos, y dominada frente al extranjero. Que esa clase temperamentalmente inclinada al asesinato es una connotación importante, que deberá tenerse en cuenta cada vez que se encarar la lucha contra ella. No para duplicar sus hazañas, sino para no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos.



EPÍLOGO A LA EDICIÓN DE 1972


(…) Aquí había un episodio al que la Revolución Libertadora no podía responder ni siquiera con sofismas.
Ese método me obligaba a renunciar al encuadre histórico, en beneficio del encuadre particular. Se trataba de presentar a la Revolución Libertadora, y sus herederos hasta hoy, el caso límite de una atrocidad injustificada, y preguntarles si la reconocían como suya, o si expresamente la desautorizaban.

(…) La respuesta fue siempre el silencio (Ndr: tras 12 años de insistencia vía libro, artículos, proyecto en el Congreso, etc.). La clase que esos gobiernos representan se solidariza con aquel asesinato, lo acepta con hechura suya y no lo castiga simplemente porque no está dispuesta a castigarse a sí misma.
Las ejecuciones de militares en los cuarteles fueron, por supuesto, tan bárbaras, ilegales y arbitrarias como las de civiles en el basural.
 (…) Suman 27 ejecuciones en menos de 72 horas en seis lugares (…) En algunos casos se aplica retroactivamente la ley marcial. En otros, se vuelve abusivamente sobre la cosa juzgada. En otros, no se toma en cuenta el desistimiento de la acción armada que han hecho a la primera intimación los acusados. Se trata en suma de un vasto asesinato, arbitrario e ilegal, cuyos responsables máximos son los firmantes de los decretos que pretendieron convalidarlos: generales Aramburu y Osorio Arana, almirantes Rojas y Hartung, brigadier Krause.

ARAMBURU Y EL JUICIO HISTÓRICO

El 29 de mayo de 1970 un comando montonero secuestró en su domicilio al teniente general Aramburu. Dos días después esa organización lo condenaba a muerte y enumeraba los cargos que el pueblo peronista alzaba contra él. Los dos primeros incluían “la matanza de 27 argentinos sin juicio previo ni causa justificada” el 9 de junio de 1956.
(…) El pueblo no lloró a Aramburu. El Ejército, las instituciones, la oligarquía elevaron un clamor indignado. Entre los centenares de protestas y declaraciones hay una que merece recordarse. Califica el hecho de “crimen monstruoso y cobarde, sin precedentes en la historia de la República”. Uno de sus firmantes es el general Bonnecarrere, gobernador de la provincia al desatarse la Operación Masacre. Otro es el general Leguizamón Martínez, que había ejecutado al coronel Cogorno en los cuarteles de La Plata.
(…) La ejecución de Aramburu provocó una semana más tarde la caída del general Onganía, cuya dictadura ya había sido resquebrajada otro 29 de mayo por la epopeya popular del Cordobaza, y postergó momentáneamente los proyectos de sectores liberales que veían en el general ajusticiado una solución de recambio para la fracasada Revolución Argentina.
(…) En cuestión de meses los doctores liberales, la prensa, los herederos políticos canonizaron a Aramburu mediante el uso irrestricto del ditirambo y la elegía. Paladín de la democracia, soldado de la libertad, dilecto hijo de la patria, militar forjado en el molde clásico de la tradición sanmartiniana, gobernante sencillo y probo (…) No todos los partidarios de Aramburu eran tan necios (…) Como Lavalle, asesino de Borrego, habría cometido los hechos terribles que cometió bajo la influencia de consejeros solapados: bastaba cambiar el nombre de Salvador del Carril por el de Américo Ghioldi (…) Dentro de esa perspectiva es posible que Aramburu, además del monumento gorila, llegue a merecer la cantata expiatoria de un Sábato futuro.

(…) Ejecutor de una política de clase cuyo fundamento –la explotación- es de por sí antihumano (…) Aramburu estaba obligado a fusilar y proscribir del mismo modo que sus sucesores hasta hoy se vieron forzados a torturar y asesinar por el simple hecho de que representan a una minoría usurpadora que sólo mediante el engaño y la violencia consigue mantenerse en el poder.

La matanza de junio ejemplifica pero no agota la perversidad de ese régimen. El gobierno de Aramburu encarceló a miles de trabajadores, reprimió cada huelga, arrasó la organización sindical. La tortura se masificó y se extendió a todo el país. El decreto que prohíbe mencionar a Perón o la operación clandestina que arrebata el cadáver de su esposa, lo mutila y lo saca del país, son expresiones de un odio al que ni escapan ni los objetos inanimados, sábanas y cubiertos de la Fundación incinerados y fundidos porque llevan estampado ese nombre que se concibe como demoníaco. Toda una obra social se destruye, se llega a segar piscinas populares que evocan el “hecho maldito”, el humanismo liberal retrocede a fondos medievales: pocas veces se ha visto aquí ese odio, pocas veces se han enfrentado con tanta claridad dos clases sociales.

(Otra violencia se instala con Aramburu) Su gobierno modela la segunda década infame, aparecen los Alzogaray, los Krieger, los Verrier que van a anudar prolijamente los lazos de la dependencia desatados durante el gobierno de Perón.

(…) Quince años después será posible hacer el balance de esa política: un país dependiente y estancado, una clase obrera sumergida, una rebeldía que estalla por todas partes. Esa rebeldía finalmente alcanza a Aramburu, lo enfrenta con sus actos, paraliza la mano que firmaba empréstitos, proscripciones y fusilamientos.




jueves, marzo 31, 2011

Sobre De Gennaro y Pino Solanas: ¿Protegerse?



La alineación sistemática de-lo-que-quedó-de-la-CTA más la movida "Unidad Popular" del Tano De Gennaro con Pino Solanas me generó algunas cosquillitas (?) internas. La primera, apuntó a lo mal que estaría leyendo la coyuntura el estatal respecto a la correlación de fuerzas. En segundo término y con un dejo de pena, me dió y me da la impresión de que se le pasó el cuarto de hora: entre 2003 y 2004 podría haberse posicionado como una opción real de poder desde un espacio de centroizquierda con estructura y llegada a cada uno de los rincones de las provincias, pero no.

Ojo, fácil resulta ahora, desde acá, achacarle responsabilidad de todo lo que le sucedió a la Central -bocanada de aire fresco frente al sindicalismo empresarial y emblema de la resistencia a la entrega noventista-. No conozco demasiado los pormenores como para emitir un juicio tajante. Pero sin dudas, lo que fue, no volverá a ser, hay que aceptarlo por más buena voluntad que haya.

Retomo. Esta nueva jugada del Tano como presunto candidato a gobernador de Buenos Aires, no me cerraba por ningún lado desde el primer momento que la escuché. No sé, me hacía ruido. Hasta que en voz alta, sin información sólida y apenas atando un par de cabos muuuuy sueltos, comencé en el aire a esbozar una modestísima teoría: De Gennaro quiere recomenzar su construcción política usando como condón a Pino Solanas. Me explico. Es harto sabido que el cineasta hará un sapo estruendoso en octubre, más cerca o más lejos del panradicalismo o la entente germánico-jocosa (?) Binner-Stolbizer-Juez: si llega al 7% es para descorchar a lo loco (?). Por eso, el futuro de Proyecto Sur así como está después de las elecciones, tal como sucede con los experimentos-rejuntados progres con base en centros urbanos, es igual al de los pobladores de Fukushima. Se va a dar la clásica rienda suelta kioskera legislativa de la bienintencionada progresía, donde cada monobloque cotiza en bolsa mientras Solanas retorna la senda de los documentales repletos de humo. Bueh, hasta ahí, medio un delirio de tannat. Pero, un amigo que leyó mi elucubración nocturna me mandó una nota de un diario del interior -no recuerdo cual era- donde se deslizaba, palabras más palabras menos, que De Gennaro "evaluaba ser cabeza de lista a diputados nacionales por provincia de Buenos Aires". Listo, chau, más redondo imposible. No estaba tan pifiao, pensé. No digo que sea así, pero no pareciera ser una locura.

miércoles, marzo 30, 2011

Clarín como Luís XIV: La oposición c'est moi



El vacío político alimentado por una oposición que no deja de sorprender por sus torpezas, la falta de liderazgos y propuestas superadoras, definitivamente es ocupado hoy por Clarín y todos sus tentáculos del poder económico. Clarín ya asumió el rol con decisión, harto de ver cómo esos patéticos esbirros fracasan de manera sistemática. Se cansó de orinarles la cabeza por las editoriales o a través de sus columnistas más reconocidos. Se les hinchó las amígdalas de tanto desfile estéril por todos los programas que se les pone a disposición, sin repreguntas y con tiradores de centros de precisión quirúrgica.




El acto de brutal sinceramiento del Grupo, potenciado de manera exponencial tras los comicios de Catamarca y Chubut, conlleva a su vez una desesperación sin precedentes, tal vez porque la percepción de una victoria kirchnerista en octubre tiene sabor a vómito contenido: rendición/negociación con condiciones o capitulación total. Esa desaforada estrategia que destila agonía tiene como objeto tensar la cuerda hasta la rotura, enturbiar la atmósfera lo más que se pueda, buscar el caos por debajo de las baldosas. Al haber pasado el tiempo de la ingeniería de las medidas cautelares y los telefonazos a juzgados amigos, le queda, como ancho de bastos bajo la manga,  la desobediencia a cualquier pretensión de legalidad posible: se pasará –como ahora- por las verijas la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, las resoluciones de la Afsca y todo aquel fallo judicial que obligue al Grupo a ajustarse a derecho. Con perversa inteligencia y los bolsillos temblorosos, buscará aún más cualquier tipo de sanción estatal para declamar intimidaciones, aprietes y arbitrariedades de un Estado sediento de caja y de poder.



Clarín se va a poner a la vanguardia del mosaico opositor con la bandera de la libertad, como el representante absoluto de la democracia frente a las tropelías y delirios autoritarios del Estado estalino-montonero-K. Será, más que nunca, “Todos Nosotros”, el orfebre con Alzheimer de una especie de Unión Democrática posmo y bajas calorías. Sacudirá con ahínco la cara negra y fea de Moyano, invocará a la bestia chavista, agitará los fantasmas de la violencia de los ´70, enaltecerá el fanatismo K y la avidez contractual de la juventud (corporizada en los hitlerianos de La Cámpora), con el único fin de espantar burgueses y despertar el enano fascista que habita en gran porción de la clase media.



La obviedad es tan grande que no debería sorprender. Clarín es la oposición real, no a un gobierno bueno, malo o regular, sino al sistema democrático en su conjunto: no es el diario o el canal, es el grupo empresario corporativo más poderoso del país que lo único que persigue es la sumisión de la Política a sus intereses. Los tiempos por suerte han cambiado y muchas de estas cuestiones, antes discutidas en antros inundados de humo, están al alcance de toda la sociedad. El desafío mayúsculo es saber si esa sociedad está dispuesta a ver tras el velo construido desde ese poder mafioso en los últimos 30 años.



Clarín, sin embargo, podría barajar dos opciones, como dice un amigo. El inconveniente es que no las puso en práctica jamás en su historia. Una, que Magnetto sea candidato. Otra, que haga periodismo.

sábado, febrero 19, 2011

Correr por izquierda


Es asombroso. Cada vez me sorprendo más. La capacidad de algunas personas de apelar a un izquierdismo chicanero para poner en orsai o situar en evidencia como cómplice de explotación burguesa al ocasional interlocutor, es sorprendente. No importa la pertenencia partidaria. Puede ser un radical, un pinista, un socialista o un muchacho del PRO (descarto a los amigos troscos por cuestiones obvias).

Lo resonante es que siempre se puede correr por izquierda a quien, esencialmente, ocupa lugares de poder. La causa es simple: las estructuras burocráticas, las relaciones institucionales y la acumulación de fuerzas, son de derecha desde esa óptica. Como quienes suelen apurar desde la izquierda no profesan ninguna voluntad de poder y se reducen a meros fiscalizadores de la actualidad, no suelen inquietarse por disquisiciones de semejante ramplonería.

La corrida por izquierda suele hacerse desde un no-lugar, desde un sitio de privilegio en cuanto a la observación científica. Ese no-lugar es tremendamente cómodo, no sea cosa que embarrarse en la mierda política y manchar la levita. Porque, claro, cuando algo por lo cual uno llenó páginas y páginas –incluso hasta militó- se cumple pero por designio de otros, uno debe desconfiar de las intenciones. No son puras, auténticas, como las nuestras. No, señor.

**

El gran problema con el que cuenta la izquierda en línea general radica en la praxis, no en lo discursivo. Es muy sencillo desembarazarse del fracaso del socialismo real tirándole los cadáveres a Stalin, Pol Pot, Mao y Ceaucescu. No es un dato menor. En todas las experiencias socialistas del siglo XX no sólo no se ahorraron mililitros de sangre ni hectáreas de alambres de púa, sino que tampoco se colaboró demasiado para mejorar la calidad de las vidas de los pobladores de esos lugares (aún con sus bemoles, quiero excluir del combo a los cubanos, tema harto discutible también pero signado por un entorno beligerante inédito en el mundo). En síntesis: el socialismo práctico ha sido un gran dolor de cabeza para la humanidad, hasta ahora. Y de eso no es fácil salir a la hora del debate, porque la política es la praxis para transformar la realidad y pelear por el poder. O como dijo el General, la única verdad es la realidad. El resto, es helado caliente.

Días atrás, leyendo a Artemio López, me topé gracias a su recomendación con un texto de Louis Althusser que desconocía. Se llama “Dos o tres palabras (brutales) sobre Marx y Lenin” y es realmente esclarecedor. Demuele las certezas dogmáticas, sin más. Los popes del comunismo no era elegidos caídos de Neptuno con la verdad develada. Acerca el purismo, Althusser se pregunta “¿qué puede significar para un materialista, una teoría pura y completa? (…) nuestros autores, quienes se adentraron en un terreno desconocido, eran, cualesquiera fuesen sus cualidades, hombres como nosotros: buscaban, dudaban, expuestos a los equívocos, a los retrocesos, a los avances y a los errores de toda investigación. No hay que asombrarse si su obra conlleva dificultades, contradicciones y lagunas”. Hombres, solamente hombres embadurnados de la cloaca política de la realidad, no de jornadas masturbatorias infinitas.

El viejo francés reconocía, entre tantas otras cosas, que la relación del marxismo con el Estado burgués era por demás compleja, sobre todo si se sitúa el escrito: pleno descontrol setentista en todo el mundo. Allí, don Louis señala que “este problema del Estado se ha tornado hoy vital para el movimiento obrero y popular: vital para comprender la historia y el funcionamiento de los países del Este, en donde Estado y partido forman un “mecanismo único”; vital cuando se trata para las fuerzas populares de acceder al poder y de actuar en la perspectiva de una transformación democrática revolucionaria del Estado en miras a su “desaparición”.

Por último, reconociendo gran parte del fracaso socialista en el siglo, Althusser se remite a nuevas “luchas de masas, (que la dan) una nueva fuerza a su teoría, modificar la ideología, la organización y las prácticas, para abrir un verdadero futuro de revolución social, política y cultural a la clase obrera y a los trabajadores”. Y, sí, el franchute al final parece que se peronizó.

Levantar la puntería

La carrera electoral y sus consecuentes operaciones mediático-politicas, lógicamente, copan y coparán las marquesinas hasta octubre. Pero entre tanta hojarasca suceden demasiadas cosas que extrañamente pasan desapercibidas y tienen absoluto correlato con los posicionamientos políticos adoptados por las distintas fuerzas en pugna, de cara a los próximos años. Dicho esto debido a los pobres planteamientos elaborados sobre todo desde el arco opositor, que se suponen, son superadores de la etapa actual.

Días atrás, a finales de enero, la majestuosa Turín fue noticia y no por la Juventus: los trabajadores de la planta Mirafiori de FIAT aprobaron un régimen insólito basado en el recorte de sus derechos. La movida, que contó con el respaldo de empresarios y sectores de izquierda, significa un retroceso peligroso que tendrá un estruendoso eco en el resto del mundo y que ya se había iniciado a principios de enero en otra instalación de la mega empresa situada en Pomigliano, al sur de Italia. El ardid, ya apolillado de la automotriz fue la amenaza de trasladar las plantas a otros lugares del mundo porque los números no le cerraban, así de simple. Turín, uno de los bastiones de la izquierda italiana -núcleo de los autonomistas y brigadistas-, ciudad que transpiraba industria -y por ende, repleta de proletariado- y musa de Antonio Gramsci, cambiará para siempre: los propios operarios (6 de cada 10) aceptaron reducirse los salarios, endurecer las condiciones laborales, correrse del convenio colectivo de los metalúrgicos. Se trata de un golpe simbólico -y no tanto- a la mandíbula del progresismo y la izquierda dura peninsular, de esos difíciles de tragar, porque determinan que la punta del facón ya atravesó la piel y nadie sabe hasta dónde puede llegar el mango. Y, evidentemente, es una muestra cabal de que la sociedad de ese país bajó los brazos, se rindió. Siempre es posible empeorar.

Sin embargo, sería muy cómodo desde lo analítico apuntarle los cañones a un impresentable como Berlusconi. El drama, pues ya no se trata de un problema, es que desde el carozo económico de la Unión Europea como son Alemania y Francia, ya se impulsa con ímpetu la puesta en marcha de un eufemístico plan de competitividad que en realidad lo que intenta establecer es la lisa y llana intervención en los procesos de negociación colectiva sindical, la flexibilización del empleo y la reducción del salario mínimo. En España, por ejemplo, los sindicatos pelean para que el Gobierno no sea "tan duro" con quienes pretenden acceder a los seguros de desempleo y ayude a facilitar una reinserción laboral que parece quimérica. Sarkozy, Merklen, Berlusconi y Cameron, están firmes y son respaldados en las urnas. Le Pen crece, Rajoy amenaza con arrasar al partido de Zapatero, que de socialista y obrero nada tiene. Roberto Begnini y Nanni Moretti, dos actores, son la cara de la oposición del Cavaliere. Los inmigrantes son los nuevos destinatarios del odio ante la crisis. Como se ve, la cosa va en serio.

Fronteras afuera, las hoy deprimidas potencias europeas junto a EEUU -que dicho sea de paso, no para de empapelar el mundo de dólares para paliar sus propias flaquezas- anunciaron su intención de regular los precios del mercado de las commodities para frenar la suba de los alimentos a escala mundial, que vaya novedad, no es patrimonio del Gobierno K ni de las políticas del polémico Guillermo Moreno. El hoy defenestrado Fondo Monetario Internacional advierte en un informe que a escala planetaria, durante el último semestre, los productos alimenticios se dispararon un 35%. La FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación) señala que los niveles se encuentran en los más elevados desde que existe una medición de ese tipo (1990). El núcleo duro de Occidente hará lo posible para ajustar las clavijas y presionar en pos de sus intereses, que siempre, a lo largo de la historia, se han contrapuesto con los del denominado mundo subdesarrollado. Por ende, el panorama para economías como la Argentina no es de lo más alentador.

¿Y entonces, qué hacemos desde el sur del mundo? En primer término, levantar la puntería, ser buenos entre nosotros, sacarse las anteojeras y evitar comer pan-con-pan. En materia sindical, es claro entonces cuál es el objetivo discursivo instalado desde los medios -y acompañados por un abanico político que va desde el radicalismo al neoliberalismo del PJ disidente y el PRO- es emular el modelo europeo en pos de atraer inversiones e ingresar al mundo. Por eso, a tener mucho ojo cuando se ataca indiscriminadamente a la corporación sindical -aunque muchas veces sea más que razonable y justificado hacerlo- porque queriendo o no lo que se hace es dispararle a un modelo -imperfecto, obviamente- que no tiene parangón en los países vecinos respecto a la toma de decisiones, a la configuración del poder local y a la participación de los trabajadores en la distribución del ingreso. Retomando: mientras en las vísceras de Europa se tiende a la disgregación gremial y a una flexibilización sin precedentes, en la Argentina los gerentes de las metalúrgicas se afilian a SMATA para ganar como los laburantes, se planteó como nunca una pelea sin cuartel contra el trabajo esclavo y el no registrado, los piquetes de Moyano y otros es para mejorar la calidad de vida de los que trabajan no para evitar caerse del sistema como en Mirafiori, las paritarias se desarrollan con normalidad pese a las turbulencias lógicas de la negociación, se baten record de producción y consumo. Al menos, da para pensarlo.

Respecto a las commodities, hay que estar bien alertas. Una regulación impuesta por el poder financiero mundial afectaría directamente al hueso de los países emergentes y sus posibilidades de crecimiento autónomo. La estrategia argentina de oponerse a tal iniciativa junto a Brasil en el G-20 apunta a defender la economía del bloque Mercosur de esos ataques, ya que la región puede llegar a correr grandes riesgos si la jugada europea-norteamericana prospera. No sería de extrañar que se refloten, en versión reciclada, acuerdos comerciales harto desfavorables para así integrar las economías globales en pos del beneficio de toda la humanidad. Pese a los pronósticos agoreros, la producción de nacional de alimentos crece y provee de divisas a un Estado que ha tomado fuertes decisiones intervencionistas y que necesariamente debe seguir haciéndolo.

Por eso, como se dijo, hay que observar bien lo que sucede alrededor, saber dónde uno está parado y escuchar con atención qué es lo que se ofrece a nivel dirigencial con todas estas variables que, sin dudas, marcarán el rumbo de la calidad de vida de los argentinos en los próximos años.

La progresía nacional


Ser progre es toda una marca, una posición. Aventuro que hoy día no es más que una postura estética (dietética), un conjunto de clichés y slogans políticamente correctos que buscan cierto grado de repercusión provocativa o transgresora. Es entrecomillar seguido desde un “me parece que…”. Así todo, el difuso concepto de lo progre, no deja de ser una cara distinta de la moneda liberal acentuada con la muerte de los “grandes relatos” anunciada por Lyotard y compañía, donde dentro de la atomización de “causas” (?) caben la militancia –con las ONG como punta de lanza- pro marihuana, la defensa de los pájaros violetas de la Cachemira y de los caballos arriados por cartoneros, entre otros ejemplos sustanciosos. Encuentran su razón de ser en los centros urbanos, se declara anticlerical y portador de una verdad que no se sabe bien qué significa, pero que contiene un aire de superación a la hora de la entonación o armado de enunciados que destila maravillas y genialidades. Un progre argentino, es un liberal de izquierda a la norteamericana, he dicho y que venga el Belgrano Cargas de frente (?).


**


El progre se indigna ante la injusticia, ante un mundo canalla, ante la deshonestidad, ante muchísimas cosas más. Pero no se indigna no así nomás. Lo hace desde un reservorio moral que lo tiene como protagonista excluyente y quien se atreva a cuestionar su intrincado e inmaculado itinerario corre con riesgos de los fuertes: ser acusado de traidor, de ladrón y de cuanta fechoría uno imagine. Desprecia al “poder”, sin situarlo/identificarlo aunque sea por aproximación a “algo. No. Puede ser desde un gobierno sudaca a una ballenera noruega.


A su vez, ante cualquier sacudón provocado por las tensiones del mundo real no duda en desmarcarse y desde afuera de la escena arrojar misiles dialécticos donde lava su conciencia, porque, como buen liberal, tiende a recluirse en su ser. El espejo de Narciso no lo falla nunca. Las culpas, las zancadillas, las canalladas, siempre son de los otros, jamás del progre porque no se embandera; a lo sumo, si lo hace, es temporario porque seguramente a quien dice respaldar lo invadirá en algún momento la ambición, el negociado o cualquier otro sentimiento maligno e irracional que determinará su eyección del grupete.


**


La tradición progresista nacional tiene una fuerte impronta de la Revolución Francesa que tuvo como ejemplares sobresalientes a los jacobinos de Moreno en los albores de la Nación. Netamente eurocentrista y liberal, pone el acento en la necesidad imperiosa de arrancarle a las masas indolentes la necesidad de aferrarse a las cadenas de la opresión, por medio de la “educación”, a modo de clarividencia. Así de superados actuaron los Moreno y compañía (con muchos aciertos y valentía harto comprobada), como también lo fue Alberdi hasta que apareció Rosas y pateó el tablero de lo hasta ahí conocido, con sus muchas luces y sus muchas sombras.


La progresía nacional de entonces fue tenazmente unitaria, racista, vanguardista. El rosismo fue el enemigo a vencer durante décadas, a punto tal, que su odio a la figura de ese (controvertido, obviamente) caudillo popular los llevó a respaldar el bloqueo anglo-francés emblema de Obligado, actos de sabotaje y de cipayismo difíciles de tolerar.


De esa banda de iluminados por los libracos europeos, Esteban Echeverría fue de los personeros más destacados durante los años del Restaurador. En el célebre “El Matadero”, arroja varias puntas que ayudan mucho a la hora de interpretar el pensamiento de esa progresía incomprendida por las masas populares. Allí, relata, desde la incomprensión total, que “el pueblo de Buenos Aires atesora una docilidad singular para someterse a toda especie de mandamiento”; que “varios muchachos gambeteando a pie y a caballo se daban de vejigazos o se tiraban bolas de carne, desparramando con ellas y su algazara la nube de gaviotas que columpiándose en el aire celebraban chillando la matanza. Oíanse a menudo a pesar del veto del Restaurador y de la santidad del día, palabras inmundas y obscenas, vociferaciones preñadas de todo el cinismo bestial que caracteriza a la chusma de nuestros mataderos, con las cuales no quiero regalar a los lectores”. Es la animalidad, el asco moral ante tanta mugre, ante tanta chusma, como dice el cajetilla unitario que termina reventando como escuerzo, donde la “fuerza y la violencia bestia (…) son vuestras armas; infames. El lobo, el tigre, la pantera también son fuertes como vosotros. Deberíais andar como ellas en cuatro patas”. Echeverría, escribió el “Dogma socialista.


**


El socialismo en la Argentina es la expresión más contundente de la estirpe progre a nivel organizativo, partidario. Ya llegaremos. Antes, cómo dejar de lado la historia progresista de los Mitre-Sarmiento-Roca. Imposible. Mitre, fundador de La Nación, reivindicado por la historiografía marxista argentina en el siglo veinte producto de su comprobadamente erróneo método (?) del devenir.


Sintéticamente, como fue quien llevó adelante el corrimiento de las estructuras políticas y culturales precapitalistas (la de las provincias, las del Interior, las populares), no lo quedaba, gracias a las gambetas de la dialéctica, otra que llevar el estandarte civilizador y capitalista, lo que determinaría la aparición paulatina de proletarios, que en los años subsiguientes, concretarían la revolución social (¿???????????). Roca, por caso, expulsó al representante del Vaticano en el país. Qué decir del sanjuanino que no se conozca.


**


Ya a fines del siglo XIX aparecía el PS –se anunció, eh- y todo cambiaba. Como se dijo, el equipo de Juan B. Justo fue el emblema de la progresía bienpensante. Casualidad o no, su periódico se llamó “La Vanguardia”, toda una declaración de principios. Tuvo un aporte valioso a la política vernácula, pero siempre desde ese mismo lugar iluminado reforzado por las corrientes inmigratorias que arribaban al país y que acarreaban en sus harapos tradiciones comunes (volvemos: la llama progre es eurocentrista y netamente liberal). Para su pesar, el relato histórico no difería demasiado del liberal/oficial aunque “desde otro lado” se diferenciase. Jamás penetraron en esas masas morochas del “atrasado” interior, caudillista, hispánico, esclavista. Pero, como se reiteró, de arraigo popular, poco y nada a pesar de haber obtenido el primer diputado de América bajo ese signo como fue Alfredo Palacios. Su cientificismo se fue por las cloacas.


El yrigoyenismo populista fue enemigo del socialismo y lo confinó a un sitio de permanente crítica pero de escasos logros concretos a pesar de ser quienes estuvieron en “la vanguardia”. Tras la Década Infame y la irrupción del peronismo, quedaron en orsai para nunca más volver, de la mano de sus primos lejanos radicales: golpismo, desprecio por lo popular, alianzas con lo peor de la sociadad. Por eso resultan tan poco creíbles cuando esgrimen los trapos del “convencimiento ideológico” y no del “oportunismo de las alianzas”.


**


Esa tradición, perdura. Tras el fracaso alfonsinista, la progresía (con el intermezzo del PI en los ’80) encontraría en pleno menemismo su razón de ser en cierto frentismo difuso que iba desde la incipiente CTA hasta lo que finalmente se conocería como el Frepaso. Para muchos, la ecuación cerraba por todos lados: el gobierno más entreguista de todos los tiempos levantaba el estandarte peronista. Allí, muchos progres de estirpe simiesca gozaron, como los Frepaso. Ésta última expresión política, compuesta por ex pejotas, comunistas y demases sueltos, es un emblema en cuanto a lo años que nos tocan vivir. ¿Si el Frepaso no es progre, qué otra cosa puede serlo? Nada: porteños, bienhablados, claritos de piel, pregoneros de la honestidad.


**


Y hoy subsisten entre nosotros. Nos dan lecciones de vida, de moral, de buenas costumbres. Nos adoctrinan con honestidad, desde lejos, sin mancharse, desde su inviolable individualidad. No usan levita ni galeras. Hoy piden “free pot”, liberación de las mujeres islámicas, que “ningún pibe nace chorro” (¿Alguno nace garca, facho, solidario, peronista o biólogo?). Se enojan fácilmente, suelen recaer en la autodenigración permanente, se sienten incomprendidos por culpa de la ignorancia, la prepotencia y las avivadas de los advenedizos.


Nos enseñan. Nos educan. Están más allá, comprometidos con lo que les sucede. Algún día, construirán un mundo mejor.






viernes, diciembre 10, 2010

Hay que hacerse cargo


Quienes nos sentimos parte del campo popular debemos hacernos cargo de una vez por todas del tema delito y poner sobre la mesa qué rol deben ocupar las fuerzas de seguridad en esta democracia. El crimen de Mariano Ferreyra, la brutal represión al pueblo qom en Formosa y el descalabro de Villa Soldati nos tienen que empujar a la reflexión urgente, a la elaboración de propuestas creativas y superadoras. Pero para eso, primero que hay que asumir el problema.

Las mencionadas barbaridades no son admisibles jamás, y menos, en tiempos donde se ha hecho -con razón- de la no represión una bandera. No es posible que una decisión del Estado nacional desde 2003 a la fecha sea interpretada por la Federal para el lado de los tomates (liberar la zona, por ejemplo, convirtiéndose en cómplices de los asesinos de un militante político). No es posible que la policía de Formosa arremeta con inusual violencia criminal contra los qom y tampoco son digeribles los episodios lamentables del Parque Indoamericano, de final abierto a estas horas.

Los conflictos, inherentes a todas las sociedades, deben resolverse siempre por la política y nunca a los corchazos. En eso la definición de Aníbal Fernández es impecable como tal, pero no suficiente. Es necesario un cambio radical en todas las fuerzas de seguridad y hoy no es un tema que ocupa ni el más mínimo lugar en la agenda pública. Tenemos que debatir entre todos qué tipos de policías queremos y no regalarle a la derecha más neardenthal en bandeja la consigna de la "inseguridad". Porque si no se pone en caja a las policías del país desde el poder político con autoridad y líneas claras de acción, la criminalidad no va a cesar. Si no se diseña una política penitenciaria como la gente (ver qué se hace con la cantidad abismal de detenidos hacinados en comisarías, cómo se concretan las "salidas" de presos para la perpetración de robos, por ejemplo) y relacionada a otras áreas de Gobierno y el Poder Judicial, van a seguir ocurriendo hechos trágicos y humillantes para la condición humana. Porque, en definitiva, no se trata ni de excesos, “ovejas descarriadas” o tristes coincidencias: lo policial contiene en su interior una lógica interna de funcionamiento lindante a lo mafioso, corrupto, fuertemente corporativo y autoritario.

Las policías argentinas parecieran que progresivamente se han autonomizado. Han tomado vida propia como agencia de regulación del delito: a gran escala y en la relación con el chiquitaje en los enclaves barriales más humildes, donde la policía ficha, extorsiona, abusa de su autoridad, planta fierros y arma causas, recluta mano de obra para cometer ilícitos, negocia con los transas. Tal es así que incluso les disputa negocios a sectores de los poderes territoriales locales, sean estos dirigentes políticos o miembros de la burguesía. No hay caso, en casi todos los delitos resonantes hay uniformados, ex integrantes o allegados demasiados cercanos.

La democracia nos exige participación y condena a los mafiosos. Si no toleramos las cocinas de paco, menos deberíamos hacerlo con aquellos policías que conocen y regentean la actividad. No es aceptable que miembros de las fuerzas de seguridad marquen pibes de los márgenes de las ciudades para afanar ni que haya comisarios de patrimonios insostenibles.

Contrariamente a lo instalado por los grandes medios de comunicación y algunos sectores políticos de derecha que especulan mediante consignas rimbombantes, la única salida es política. Nada de militarizar, ni mano dura, ni nada de darle más poder a la policía. Está a la vista: es una locura. Se necesita más democracia, más transparencia y poner blancos sobre negros para desterrar y romper las cuevas enquistadas formando equipos sanos, cuadros técnicos serios y un respaldo gubernamental inconmovible. Porque todo cambio a fondo genera resistencias, sobre todo si estamos hablando de fuerzas que suman cientos de miles de hombres armados, poder territorial y logística, nada menos. Desde ya que la apuesta es muy riesgosa pero vital en vistas al futuro. Lo demás es discurso, mero maquillaje.

martes, octubre 13, 2009

BOCA DEL DIABLO



Bajó arrastrado por una marea de piernas y torsos las escalinatas de la boca del subte. El olor a meo concentrado le hizo fruncir el ceño. El calor lo mareó. Se aflojó la corbata. Resopló como un burro y tomó la decisión de proseguir rodeado del gentío. Tenía miedo de desfallecer y que esas miles y miles de suelas que pisaban la inmunda vereda lo hicieran sobre su humanidad. Se secó el sudor helado que le brotaba de la frente con una Carilina que ya había usado, la tiró en un tarro repleto de todo tipo de basura para después introducir su mano derecha en el bolsillo interior izquierdo. Extrajo la tarjeta y la puso en la máquina. Pasó. Quedó mirando fijo un cartel preelectoral trotskista que adornaba el andén. Ruido. Pocos metros antes de su llegada, cerró los ojos y se tiró a las vías con maletín y todo. El chirrido metálico sacudió dentaduras enteras. El sonido seco de los huesos que se astillaban con precisión quirúrgica estremecía; sonaban como si fueran cientos de palos de escoba que se destruían uno tras otro. La formación frenó de casualidad y dejó atrás una confusa mezcla de sangre, astillas blancas, carne y cuero cabelludo. El espectáculo era indescriptible. Las cientos o miles de personas que presenciaron todo sollozaban, puteaban. A los pocos minutos, la empresa concesionaria anunciaba por los altoparlantes la suspensión de servicio por tiempo indeterminado.

EN LA PENUMBRA


La plaza está oscura aunque no es de noche. El viejo que se recuesta a media tarde en el banco verde más próximo a la torre, ronca tanto pero tanto, que las hojas amarillentas de los árboles linderos caen oscilantes, comatosas. El brazo izquierdo le cuelga inanimado y el derecho está escondido o directamente le falta. Roxana, a los pocos metros, se refugia detrás de un centenario ombú que no dejó baldosa sin levantar, con un chongo pijudo que tiene que volverse a Varela antes de las 23, como todos los días. Al rato, sale con la cara atiborrada de una frigidez asombrosa. Se le nota a la legua que no quiere laburar. Se lleva un Beldent a la boca y sale a pitarse uno con la gorda Teresa, que vende panchos frente a la estación. Mitad en serio, mitad en joda, le cuenta lo que a la mayoría: “Me dicen que por un ratito me saque el disfraz de nena”. Ríen en medio de una nube densa de un mal porro. Roxana se ajusta el pantalón a la cintura, se raja un sonoro pedo y vuelve a las pistas. La gorda, con parte de la panza fuera de la remera, sigue riéndose mirando como su amiga vuelve a esconderse entre los árboles.

OCHO



El charco con forma de ocho vomita olor a bombacha sucia mientras cientos de pies lo esquivan y miran de reojo. Una colilla muerta flota a la deriva, se arremolina un par de veces hasta que desaparece. La calle cruje y el agua de la cloaca invade la vereda como una mancha voraz. Son las ocho. Dos paraguayos sentados en un cantero le dan del pico a una Palermo tibia. A uno de ellos le sobresalía del bolsillo, como si pendiera de un hilo dental, una enorme letra C de queso y almidón de mandioca.