lunes, octubre 23, 2006

PASAJE ABIERTO...SIN RETORNO













Perico y el otro pendejito pasaban los viernes tipo cinco a buscar la teca. Perico era un cana cincuentón, zorro viejo, mañero y algo ridículo. Tenía unas gafas negras ultraberretas de plástico, con patillas de chapa grabadas con la palabra “Police”. El pibe estaba recién horneado de la Vuce. Un oficialito cara de nada, hombros metidos para adentro, pálido y petisón. Tocaban el timbre, yo les abría la puerta eléctrica apretando un botón colorado, y los vigis se mandaban a paso firme.
La primera vez fue a los tres días de abierto el Hotel. A mi me llamaron para laburar nueve horas, mil mangos, y franco y medio por semana. No estaba mal. Igual, para no banquinear, sigo con el relato. Nada, arranqué, un empleo tranqui: mover a las mucamas, recepcionar los pedidos de comida, mandar el frigobar a la pieza, avisar cuando se terminaban los turnos, y ese tipo de cosas. Sé que se mueren por saber si se escuchan los gritos, si me calentaba, si había tramposos, si había “cositas raras”. Para qué les voy a mentir. Había DE-TO-DO. Ni la más puta idea se dan. Vuelvo. El Hotel estaba catalogado como “residencial tres estrellas”, ya que estaba en zona céntrica, y por supuesto, no tenía todos los papeles al día. Por ende, recibíamos cada viernes, a estos dos parroquianos de la Tercera que se llevaban doscientos mangos. En todo caso si no pagábamos, podríamos recibir sospechosas inspecciones para ver si había menores en el establecimiento, por ejemplo. La cifra del pago duraría más o menos un trimestre. Si las cosas iban bien, el monto aumentaría a los tres meses posteriores y así sucesivamente. ¿Me siguen?
“Cómo anda compañero”, tiraba Perico, algo nervioso, mirando para todos lados. Le decía compañero a todo el mundo, ya que para él, todo el país era peronista. El otro boludo se ponía un metro atrás de la ventanilla. Era extraño nuestro contacto, porque el no me veía casi, gracias al vidrio espejado. Las "visitas" ya eran parte de mi rutina . Separar la plata, rodearla con una gomita, ponerla en un sobre de papel madera, esperar a que venga Perico, y ya. Listo el pollo, pelada la gallina.
Pasaron los viernes y los trimestres. “Cómo anda compañero”. “Bien Perico, en la lucha. Estresado. Viste cómo es este laburo”. Perico se cagaba de risa mientras pitaba como un animal. Uno de esos tantos viernes, parecía algo más nervioso de lo habitual. Encima había caído solo, sin su diminuto compañero. “Te tengo que pedir un favor”. “Decime Perico, no hay problema”. “Me tenés que hacer la gamba. Necesito un turno para hoy a la noche, tipo once. Es una colega que está más buena que comer pollo con la mano. Punto caramelo”. “Mirá, Peri, no quiero comprometerme..”. “Desde ya, desde ya. Noo te quiero meter en ningún quilombo pibe. Yo te aseguro que cobro y te hago un regalito. Una atención, viste”. “Si venís a esa hora, el trompa no aparece. Perico, tenés que saber una cosa. Esto yo lo hago porque vos sos un tipo piola. Pero ni a mis amigos les tiro un centro así. ¿Está claro?”. “Gracias flaquito”. “Venite mañana”. “Quedate muzza, que aparecer, aparezco seguro”. Nos reímos bajito, cómplices.
Exactamente a las once de la noche, escuché el timbre. Miro por el visor del telecomunicador, y ahí estaba Perico vestido de civil, junto a una mina de treinta pirulos, morochita. Les abrí. “Un turno por favor”. “Habitación 23. Primer piso, tercera puerta a la derecha”. “¿Qué te debo?”. “Veinticinco pesos. Sírvase”. Le entregué las llaves. Perico me guiñó el ojo mientras guardaba el vuelto de cincuenta que le pasé por debajo del vidrio divisorio. La acompañante realmente estaba buena. Y más para Perico, que estaba algo gordo, que tosía como un perro. Aunque su pelo engominado, su sonrisa permanente y su derroche de simpatía, supongo que algo de efecto habrían causado en la piba.
Había bastante laburo. Era viernes, principios de mes y hacía calor: la combinación perfecta. Me esperaba una noche agitada. Riiiiiinggg. Teléfono de recepción. Era Perico. Jadeaba, tembloroso. “Por favor flaco, llamá a una ambulancia. Te lo pido por lo que más quieras”. “¿Qué pasa Peri? No jodas…”. “Por el amor de Dios…”. Parecía que se iba a largar a llorar. Yo pensaba en el enorme quilombo en el que me estaba metiendo. Un cana que se había mandado una cagada soberana. Llamé. A los cinco minutos me caen los paramédicos. Le dije a una mucama que se quede en recepción, y que en caso de que llegue alguien, que diga que no hay más lugar, que la sala de espera está hasta las bolas y qué se yo cuanto. Subimos. Golpeo la puerta y me anuncio. Ambos responden y me dicen que pasemos, que los ayudemos por el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Llaveo y abro. Increíble. El golpe de mi mandíbula contra el suelo debe haber causado un sismo grado siete en la escala de Richter. Los paramédicos se aguantaban la carcajada. La mina estaba en cuatro patas, con la cabeza tapada por una sábana, y Perico prendido por detrás. “No me puedo despegar. Estoy abotonado”. Esa frase la retengo hasta el último de mis días. Sigo. Uno de los ambulancieros fue de un pique hasta el móvil a traer una camilla. Perico no quería saber nada. La trajo igual. La pareja adherida en una pose poco sugerente fue tapada con una sábana de dos plazas blanca. Como pudieron, se subieron a la camilla. La escena era surrealista. Algunos curiosos se asomaban desde las otras habitaciones. Los dos tipos de la ambulancia los bajaron por la escalera, colorados, o porque aguantaban la risotada, o porque pesaban mucho. Me inclino por la primera. Un bulto blanco, como un enorme fantasma, haciendo equilibrio en un pedazo de plástico. Increíble. Se fueron. Le dije a los locos que no hagan mucho quilombo con la sirena y las luces, que me espantan a la clientela. Ni hablemos de los buchones del barrio, en especial los dueños de otros negocios, que podrían avisarle al dueño sin dudarlo. Un buen punto, pero dueño, con todo lo que ello implica.
Quedé muy intrigado por lo que pasó. La piloteé re bien. No tuve ningún problema. Pero la verdad, no veía la hora de que sea viernes nuevamente para verle la cara a Perico. Miércoles, jueves, viernes. Llegó el día. Timbre. Sorpresa: Peri no estaba, aunque sí su ayudante, el oficialito flacucho cara de nada. Pasa. Me saluda algo excitado. Le pregunto por el viejo. “¿No te enteraste? Se armó un jaleo de novela en la taquería”. Me sorprendió que haya usado la palabra “jaleo”. “Pasá”. Lo dejé entrar a mi habitáculo. Me miró algo extraño. Será por haberme visto por primera vez a la cara. “La cosa es muy complicada. Parece que Perico después de chamuyarse a esta minita, poli ella y muy bonita, concretó y la trajo para acá”. Asentí la obviedad. “Bueno, lo que pasó, es que el muy hijo de puta le hizo el orto a la pendeja, sin piedad. La mina que nunca lo había hecho, te imaginarás que sintió el impacto…”. “¿Y?”. “OK. ¿Viste que los llevaron en ambulancia, abotonados? Bueno, la piba no se qué problema tuvo en el ano… la cosa es que quedaron pegados. Les hicieron una pequeña intervención quirúrgica, nada del otro mundo. Y listo. Cada uno por su lado”. “Perdoname que insista, pero ¿qué carajo pasó después?”. El pendejito hizo una pausa, tomó aire, sonrió con algo de maldad y largó: “Se pudrió todo. Se la mandó completita. Resulta que los dos estaban de trampa. Él tuvo bardo a dos aguas. Con la mujer ni hablemos. Pero el tema es con la piba. La mina, poli como te dije, era la hembra del comisario nuevo, un viejo choto de quinientos kilos que le daba todos los gustos. Y para peor, el chancho nunca se la había puesto por la cola. Así que te imaginarás…”. Pensé que todo era una joda. Encima este turro parecía disfrutar de la situación. Me daba lástima Perico. “¿Y por qué no vino?”. “No vino y no creo que venga. El taquero éste se re calentó. Además tiene conectas en el Ministerio, en La Plata. Posta, posta. La cosa que el lunes a primera hora le solicitó el traslado. Mágicamente el martes ya tenía respuesta. Pobre Perico, lo mandaron a un puesto de policía vial en las afueras de Pedro Luro, así que ya debe estar por allá…”. El turro del miliquito se regocijaba. Yo me quedé estupefacto. Le pagué lo de siempre y se fue. “Nos vemos el viernes”. Me quedé pensando: “Pedro Luro”. Una de las calles más importantes de Mar del Plata. Un pueblo chico que queda cerca de Bahía Blanca. Capital Nacional del Ajo, de la Cebolla, o algo así. Bah, creo.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

sí, este vasco-Luro que mencionás también tiene un Parque nacional cerca de Santa Rosa_La Pampa, la tierra del gran Fede; anduve por ahí el año pasado..... Cómo gorileamos todos, veo-veo-veo; Rovira te hace peinar?? A mí, Solá sí

Holden-Ambiguo-Posmoderno
¿Tenés las manos... de Juan (Olave y Perón)??
PD: Me imagino el culo fino de la pendejita y un cana tipo Torrente Ley con la chota gorda y babosa, asqueroso...

Malena dijo...

uhhhh! todo mal, pobre perico y de la mina ni hablar!
claro, al lado de esta anécdota la que yo posteé es una pavada!
Te pasaste Jack! aceptaste el desafío y te mandaste un pedazo de historia... muuuy bien ahí!
Ya tendré que postear otra yo.
Gracias por la sorpresa!!!!

emebé dijo...

Impresionante, Subcomandante. No le miento si le digo que de pronto me sentí en la gloriosa barra del CCyC, como en aquellos (no tan) viejos tiempo, en que nos entretenía hasta el revolcón de risa con sus historias. Me imagino hasta los gestos, me imagino.
Salud, por el histrionismo que lo caracteriza.
Además, acuerdo con el compañero HAP: Perico era Torrente. "Mira, aqui está la droga, ¿te hace algo? ¿Te muerde, te pega, te araña, te salta y te coge de los hueveciios? que va a ser mala"
Un abrazo, y hasta la proxima ronda.
emebé

Anónimo dijo...

otro dia vuelvo a ver tu pagina. solamente pasé por acá.
VOLADOR

Jack Duluz (Sub Cte Bizarro) dijo...

Cuando quiera amigo volador...Aguanten los telos!

berenice dijo...

¿Qué pobrecitos?
Se joden por putos.

Edwardo Almereyda dijo...

bueno. retorno a los bajos mundos de la red y me encuentro con un verdadero homenaje a lo grotesco. No se que opinar salvo que lo suyo duluz es estupendo. yo de polis no tengo nada que decir. de culeadas nada que agregar, y de telos creo que todos sabemos suficiente. por lo tanto me las pico hasta la próxima de sus "entradas". nos vemos por ahi amigazo.

www.unalivio.blogspot.com

Gastón Erdosaín dijo...

uy, que bizarra situación para el vil comedor de pizzas que erró la tarde en un follón algo ridículo.. jaja.. muy bueno y sobre todo verosímil para nuestros mal habidos azules!!

voy a andar por estos lados, saludos!

P.D.: noté que sos Jack Duluz, no es Duluoz?? digo, kerouac..

posteé unos versos de Ginsberg, si te es de agrado..

larga vida a la prosa beat, bop, espontánea, etc!!!