viernes, octubre 20, 2006

CROSS A LA MANDÍBULA (O QUÉ SIGNIFICA ESCUPIR SEGÚN ROBERTO ARLT)

















PALABRAS DEL AUTOR

Con “Los lanzallamas” finaliza la novela de “Los siete locos”.
Estoy contento de haber tenido la voluntad de tra­bajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Es­cribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana.
Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedi­miento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.
Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, cons­tituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuan­do se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage.
Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de sus familias.
Para hacer estilo son necesarias comodidades, ren­tas, vida holgada. Pero, por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente proce­dimiento para singularizarse en los salones de sociedad.
Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela que, como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos…! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se des­morona inevitablemente, no es posible pensar en bordados. El estilo requiere tiempo, y si yo escuchara los consejos de mis camaradas, me ocurriría lo que les sucede a algunos de ellos: escribiría un libro cada diez años, para tomarme después unas vacaciones de diez años por haber tardado diez años en escribir cien razonables páginas discretas.
Variando, otras personas se escandalizan de la bru­talidad con que expreso ciertas situaciones perfecta­mente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de “Ulises”: un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes.
Pero James Joyce es inglés. James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerán sino media docena de iniciados.
En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches.
De cualquier manera, como primera providencia he resuelto no enviar ninguna obra mía a la sección de crítica literaria de los periódicos. ¿Con qué objeto? Para que un señor enfático entre el estorbo de dos llamadas telefónicas escriba para satisfacción de las personas honorables:
“El señor Roberto Arlt persiste aferrado a un realis­mo de pésimo gusto, etc., etc.”
No, no y no.
Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino es­cribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un “cross” a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y “que los eunucos bufen”.
El porvenir es triunfalmente nuestro. Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la “Underwood”, que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero… mientras escribo estas líneas, pienso en mi próxima novela. Se titulará “El amor brujo” y aparecerá en agosto del año 1932.
Y que el futuro diga.

ROBERTO ARLT

9 comentarios:

Vade retro dijo...

Interesante planteamiento.
Gracias por pasar por Ad libitum, un saludo.

canichu dijo...

todo un ejercicio de revindicación. Deberías probar a ir a editoriales independientes.

Malena dijo...

Ejem, ejem....busco anécdotas de sueño de telo!

saludos,

Anónimo dijo...

¿Quién sos? ¿Qué te haces el autor out sider? Sos un burgués de mierda!

Anónimo dijo...

VOs sos un mierda, un gilipollas que va de punky y no es mas que un puto yonki estupido que vive de la plata de los papás.

Gise dijo...

Interesante comentario; es una suerte que lo hayas publicado acá porque no lo conocía. Coincido con Arlt en que lo que verdaderamente importa es el contenido, y no tanto el estilo (aunque si se combinan las dos cosas, mejor)

Saludos, y gracias por haber visitado mi blog

emebé dijo...

Che, usuario cagón, a mi amigo no le decis eso, ¿eh?. Decime en que esquina nos encontramos, asi te cago bien a trompadas.
Me acuerdo de Bukowski, en Como ser un gran escritor, creo. Decía algo medio parecido, en cuanto lo encuentre mando la cita exacta. Algo así como "dale duro a esa máquina, es una pelea de peso pesado".
emebé.

Jack Duluz (Sub Cte Bizarro) dijo...

Sí, además de ser un cagón por esconderse en el anonimato, es un intolerante árabe-español, que en la red se la pasa bardeando a su pueblo ostentando su cargo empresarial, y discriminando de manera grosera...Le dejé un mensajito firmado a puño y letra(?), que contestó puteando, cosa que no hice..
Que vachaché

berenice dijo...

¿Qué?