jueves, septiembre 07, 2006

CONTRA EL ROCK CHABÓN

Columna del amigo Esteban Rodríguez (ver PD) que citamos, por supuesto, sin su consentimiento.


Entre la elegancia del pop y el rock chabón.




“esa impostura barata es sólo pose e imitación / sáquense caretas / cállense profetas /
oigan un cometa gritar: arrogante rock”
Babasónicos, en “Luces”.


“atrévete/ atrévete a lo poco claro / atrévete a querer lo raro / atrévete / atrévete a surcar el caos / (…)
La música no tiene moral / la música no tiene mensaje para dar.”
Babasónicos en “fan de scorpions”.



Por más que cada banda de rock viva la música, su música, como un punto de partida a partir del cual está todo por inventarse, lo cierto es que demasiada agua corrió por debajo del puente. El rock difícilmente se encuentre en el grado cero de la historia.

Simplificando, y sin animo de trazar una síntesis genealógica del rock nacional o mejor dicho del “rock argentino”, como le gusta aclarar a Charly García, puede decirse que hay dos grandes tradiciones en el rock local. Una, que se inaugura con Manal y Moris y la otra con los Gatos y Lito Nebia. Si la primera se prolonga con Pappo hasta dar con Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, la segunda, a su vez, se bifurca sobre las figuras de García y Luís Alberto Spinetta. Al menos esa es la tesis que sostiene Fito Paez en una entrevista para la revista Inrockuptibles. Según Fito, si se escucha bien, estas dos últimas trayectorias se hacen cargo a su vez de las dos tradiciones que hay en el tango. Si detrás de García se puede escuchar todavía a Salgán o Discépolo, detrás del Flaco está la poética de Homero Expósito.[1]

Pero allí no se detienen los linajes, cada uno de estos surcos marca nuestros días, pero después de tanto cruzar o patinar en el lugar, algunos de ellos comienzan a desdibujarse hasta desapercibir la trayectoria que lo trajo hasta aquí, y cuando eso sucede la soberbia se transformará en capricho y el desafío en competencia.

Estoy pensando en esas dos corrientes que tienen sus caras más visibles, respectivamente, por una lado, en bandas como Bersuit Vergarabat o Los Piojos, Don Lunfardo o Jóvenes pordioseros, Callejeros; Jóvenes pordioseros o La 25, y por el otro en grupos como Babasónicos, La Portuaria, Juana la Loca. Si la primera da cuenta de la tradición más bullanguera, que alguna vez cultivaron, por ejemplo, bandas como Sumo, Divididos o Don Cornelio; las otras, dan cuenta de la tradición elegante del pop, que tiene a Virus como uno de sus referentes más importantes, pero también a Daniel Melero o Gustavo Cerati. No estoy diciendo que Bersuit sea el Sumo de los 90 (¡ojalá!), pero sí quiero sugerir que Babasónicos, aunque también Adicta, Entre Ríos, Miranda, Capri o los Nerd Kids, vuelven sobre la elegancia, la sensualidad y el juego que los hermanos Moura o Miguel Abuelo le reclamaron alguna vez al rock, y en muchos casos lo hacen sin perder la crudeza que caracteriza también al rock, como es el caso de Francisco Bochatón.

Dos corrientes decimos, reconocidas generalmente por sus detractores como el “rock chabón” y el “pop frívolo”.

La sensualidad del pop hoy en día contrasta y de alguna manera es la respuesta al endurecimiento del carácter modelado durante la década anterior. Si había que hacer frente al menemismo, con todo lo que eso significaba, el rock era percibido o experimentado como una de las expresiones más intimas, que mejor se amoldaba, no solo para manifestar y canalizar el descontento sino sobre todo para traducir el derrotero de una generación “desangelada”, una generación que no daba pie con bola, que no podía hacerse demasiadas expectativas de nada. Pero después de tanto “rodar”, había que comenzar a aflojarse un poco, a relajarse, volverse más liviano, acaso para contagiarse de otra energía. Porque el rock no sólo es necesidad, la expresión del dolor, sino también la manifestación del deseo, un juego de seducción.

Que conste, dicho sea de paso, que no estamos postulando ninguna linealidad entre estas corrientes. Las dos convivieron durante la década del 90, pero si el pop tiene más espacio hoy en día se debe no tanto a que hayan reculado las otras (¡al contrario, hoy el rock chabón vende más que nunca!) cuanto a la necesidad de la juventud, o al menos un sector de ella, de impregnarse de otras sensibilidades.

Pero no se trata de un tema nuevo, los que primeros advirtieron esto fueron los mismos sectores populares que encontraron en la cumbia, o mejor dicho en la alternancia entre la cumbia y los Redondos o la cumbia y La Renga, la posibilidad de expresar los humores diferentes y contradictorios, aunque no por eso excluyentes, para sobrevivir a un cotidiano que se vuelve implacable e impredecible.

Sin embargo, la fiesta del rock elegante va a contrapelo de las concentraciones del rock chabón. Si una es femenina o ambigua, la otra, machista y futbolera. Si una tiende a subrayar la diferencia, la otra buscará resaltar las identidades, sea a través de la arenga, la misma ovación, la misma transpiración de la remera que terminarán revoleando, el mismo estandarte. Si una es histérica, la otra será demagógica, canta lo que todos quieren oír. Si una es exquisita, la otra destila obviedad. Si una es pagana, la otra normal, se vuelve previsible. Es que el rock chabón es un conjunto de lugares comunes, frases hechas en gran parte salidas del periodismo progre de la argentina de los ‘90 que encuentra entre los músicos y el público “chabón”, universitario o barrial, sus mejores y más fieles seguidores.

El rock chabón encontró en el periodismo el formato para escribir canciones. Compone temas como los periodistas escriben las noticias. Algo que se puede corroborar fácilmente en la alianza Cordera-Lanata. Por su puesto que el rock chabón no será siempre el mismo chabonismo. Si algunos son cultores de la ironía, otros tenderán a la indignación constante. Pero en cualquiera de los dos casos, uno a través de la festejada risa piola, y otra a través de la cómplice queja ingenua, hacen rock desde el periodismo, comentando la realidad desde la superficialidad, desde la tapa de los diarios.

En ese sentido, el rock chabón supone, por un lado, una gran subestimación del público que lo sigue y por el otro, echa por la borda todo lo que habían construido pacientemente grupos como los Redonditos de Ricota o más frenéticamente Sumo, pero también se desentiende de la otra tradición del rock argentino: la que se inauguraba con Spinetta y se prolongaba con Cerati, y la que se abría con García y se expandía con Páez o Andrés Calamaro.

En efecto, la literalidad del cancionero chabón, la promesa de transparencia con la que experimentan el mundo que los rodea, así como la denuncia obvia y el compromiso fácil, que es su obligado corolario, van a contrapelo de estas dos tradiciones que la desandan hasta la desdramatización.

Estoy pensando en aquello que decía el Indio Solari, en una entrevista a Gloria Guerrero acerca de que “la retórica de la seducción tiene que ver con la ambigüedad, no tiene que ver con que vos le bajés línea a la gente. El planteo es el asunto, no la resolución. Los artistas o la gente que se dedica a estas cosas como hacer canciones no están para develar el misterio sino para generarlo. Si yo te pongo un revolver acá arriba, ¿vos estás a favor o en contra? Un cuchillo no es verdadero o falso, el asunto es si uno lo agarra del mango o lo agarra de la hoja. Aquel que genera algo para que haya resonancia está diciendo: esto es la calle, esto nos pasa, no estoy diciendo si esto está bien o está mal. ¿Vos creés que somos ángeles o demonios todo el tiempo?”[2]

Con la estética chabón, el rock se ha televisado, es decir, se vuelve previsible y oportunista, pierde ese costado misterioso que le reclamaba el Indio. No hay que congraciarse con el público de esa manera, un artista no es un político. La literalidad que la hinchada pide encuentra en estas bandas a su líder favorito. Estos proveen las frases que todos queremos oír, que nos digan lo bueno o lo piola que somos nosotros y lo malo que son los otros. Para colmo lo dicen con estribillos, cuestión de escucharlo veinte veces en cada canción.

El escritor Ernst Hemingway, solía utilizar la metáfora del iceberg para explicar su estrategia narrativa: “Trato de escribir –decía- de acuerdo con el principio del iceberg. Sólo una décima parte es lo que vemos del iceberg, el resto está bajo el agua. La historia que no está en el cuento, la que está bajo el agua, se construye con lo no dicho, con lo sobreentendido y la alusión.” En pocas palabras, remata Hemingway, “lo importante nunca se cuenta.”

Me parece que estas palabras explican la fascinación que generó y sigue generando el Indio Solari o Charly García. Canciones que siempre las estamos averiguando, haciéndolas hablar en veinte coyunturas distintas. Pero me parece que estas palabras explican también la imposibilidad de trascender que tienen las bandas del rock chabón más allá de los veinte minutos de fama que les toca con cada nuevo hit que componen. Siempre habrá una banda para relevar a la otra, un tema para desplazar a otro de la tabla del ranking.

El misterio y el argot de los Redondos se reemplazó por la obviedad y el lenguaje televisivo. No hay margen para la duda en el rock chabón. De Panigasi o Marcelo Araujo a Bersuit hay un paso nomás. El rock ha asumido lo peor de la cultura televisiva, no solo esa propensión al sentido común, a la exaltación de los lugares comunes, la denuncia moral, sino también el titeo, el chiste fácil tipo Pergolini o Tinelli.

Por el contrario, el pop elegante vuelve sobre el legado de los Redondos. El mejor ejemplo es la banda Babasónicos, una banda enigmática, que se mete con todos estos temas. Vaya por caso “Miami”, donde apunta a la Argentina menemista, el modelo consumista como proyecto de vida exitoso; “Jessico” donde se meten con la espectacularización de la cultura en general y del rock en particular, el problema de la fama; e “Infame”, que vuelve sobre la fama a partir de su reverso: el destino de la insolencia banal. Y todo eso lo hace apelando también a la ironía, solo que es una ironía sutil, y sin resignar la sensualidad.

En definitiva, si la erótica del pop elegante relaja los cuerpos para poner al placer en el centro de la escena, y cuando lo hace los vuelve enigmáticos; la dureza y la piolada del rock chabón insiste en contracturar los cuerpos, poniéndolos tensos otra vez, dando manija a lo que no podrán contener. Una dureza, por otro lado, que se vuelve catártica, en la medida que funciona como válvula de escape de la bronca contenida, una dureza (¡la argentinidad al palo!) que resuelve muy fácilmente todos los problemas con dos o tres consignas sacadas del periodismo que consumimos diariamente. Una bronca literalizada, simplificada, arengada, que cree que será purgada con cada estribillo fácil, con cada ovación total.
* Columna en “Esto no es Hollywood” el 27/10/2005.
[1] Fito Páez, “Hijo único” entrevista de Nicolás Mígueles y Javier Diz, Revista Inrockuptibles, Nº88, Bs. As., febrero de 2005, p.58/65.
[2] Gloria Guerrero; Indio Solari. El hombre ilustrado, Sudamericana, Bs. As., 2005, p.138. Una vez le preguntaron al Indio Solari cuáles eran las coordenadas del rock y tiró seis puntas, que pueden funcionar como un auténtico manifiesto: “En primer lugar”, dijo, “el principio ordenador del placer, desconfiamos de lo que nos hace daño y creemos en lo que nos gratifica. En segundo lugar: la necesidad de la diversidad, solo lo que no tiene identidad sobrevive. Aquellos que poseen identidad –idénticos, luego iguales- son predecibles, ergo manejables. Coherente con éste, un tercer punto: no es dogmática, muda constantemente. Tiene como premisa evitar las ideologías para superarlas si el modelo adoptado no funciona. En cuarto lugar: es sinónimo de búsqueda y cambio incesante, por eso rescata a los pensadores oscuros o malditos, todos aquellos que escapan a las clasificaciones de las culturas oficiales. En quinto lugar: es universal. Descree en las patrias, ya que no son los estadistas los que manejan el mundo sino las grandes corporaciones, o sea la mafia. En sexto lugar: no es definible: ¿Está claro?” (op. cit. en p. 111/2).
PD: Como no aprendí a linkear, el blog de ER es www.rodriguezesteban.blogspot.com

2 comentarios:

soycuriosa dijo...

Maravilloso. un placer leer tremendo texto como inauguración de lo que espero sean mis asiduas visitas al escupitajo. Solo me queda una pregunta: ¿donde queda metido Leon Gieco en este quilombo?
andrés.

Jack Duluz (Sub Cte Bizarro) dijo...

Qué buena pregunta Andy!!!!!